¿Correr despacio? 10 beneficios que rompen los mitos


No todo en el running es velocidad. Correr tranquilo y lento ayuda a fortalecer los pulmones, el corazón y por supuesto los músculos. Correr despacio puede evitar lesiones y permite crecer deportivamente.

Correr despacio es sinónimo de ritmo lento. Esta situación se presenta cuando regresamos de una lesión, cuando queremos ser un poco más conservadores o cuando somos primerizos y no sabemos cómo manejar el tiempo ni tampoco nuestro rendimiento deportivo. Ante esto, lo más importante es cuidar la salud, uno de los beneficios de correr despacio, y otros que por supuesto les vamos a contar.

Antes de entrar en materia es importante destacar que cuando nos desempeñamos a un ritmo lento hacemos crecer una base aeróbica, que permite aumentar la resistencia y mejorar nuestra capacidad ante cualquier distancia, ya sean 10K, media maratón o maratón.

Ahora sí, entre los beneficios más destacados tenemos que correr a un ritmo lento puede llegar a ser la base de un buen entrenamiento. Aumentar poco poco las distancias con este ritmo hará que nuestra forma física sea resistente, lo cual sin duda será un excelente plus para cualquier competencia.

Fortalecer el corazón también es otro beneficio. Correr despacio reduce el pulso basal en reposo, es decir, la sangre se bombea a todo el cuerpo con menos pulsaciones y hace un corazón más fuerte.

El equilibrio emocional, así como una piel más tersa son dos beneficios que producen bienestar, alegría y paz interior. Aquí cabe mencionar que los músculos también se tonifican mientras se pierde peso de forma gradual.

Correr despacio nos ayudará a mantener el ritmo. Muchas veces cuando hacemos este tipo de entrenamientos, creemos que no estamos entrenando fuertemente. Pasa todo lo contrario, en realidad, el cuerpo se ve envuelto en una situación de mantener un ritmo, sin perder la calma, ejercitando los músculos de la misma forma como si estuviese corriendo.

Otro beneficio es el consumo de más grasa, debido a que estamos quemando glucógeno. Cuando corremos más rápido, probablemente no estamos obteniendo la energía de las grasas sino de los músculos.








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